Pobreza y corrupción en dos provincias del Cusco

Descontento. Antapaccay y Hudbay extraen cobre en Espinar y Chumbivilcas. Sus pobladores aprecian cómo salen camiones repletos del mineral y sienten que esa riqueza a ellos no los beneficia. Por eso la cuestionan. Lo cierto es que entre 2005 y 2019 las municipalidades espinarenses recibieron S/.1000 millones por canon y regalías mineras, mientras que las chumbivilcanas, 200 millones. Esa inyección no sirvió para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes no obstante a la bonanza por la renta minera.

De lejos, Alto Huancané parece un pueblo fantasma. De cerca, el viento sopla y hace silbar el ichu, acentuando más la soledad. Alto Huancané es una comunidad campesina de las alturas de la provincia de Espinar, a cinco horas de viaje del Cusco, con unos quinientos habitantes dedicados a la agricultura de autoconsumo y la ganadería.

Las casas en Alto Huancané son de adobe. Las paredes, recubiertas de barro, lucen envejecidas y se deshacen como pústulas. Por dentro, el piso es de tierra y los comuneros duermen sobre los cueros disecados de ovejas, llamas o alpacas.

Doña Melchora Surco Rimachi nació y vive, hace 65 años, en el sector Paccpacco, un paraje cercano a la enorme mina de cobre Tintaya, que funcionó hasta el 2011. Ha sido presidenta de la Asociación para la Defensa de Paccpacco Afectada por la Minería (ADEPAMI) y en el último quinquenio su lucha se concentró en conseguir atención médica para los comuneros de Alto Huancané y Huisa (una comunidad vecina), contaminados con 17 metales tóxicos.

En 2013, 180 comuneros se enteraron que en sus cuerpos cargaban metales pesados. El Centro Nacional de Salud Ocupacional y Protección del Ambiente para la Salud (Censopas) del Ministerio de Salud halló en sus orinas plomo, talio, manganeso, cadmio, arsénico, mercurio, entre otras sustancias, que dañan los órganos del cuerpo. Lo que no quedó establecido es si la mina Tintaya era la causante de la contaminación. Los comuneros dicen que sí. No obstante, los estudios solo señalan la presencia de metales tóxicos, no precisan la fuente contaminante.

Cuando la mina Tintaya cerró en 2011, empezó a operar Antapaccay, operada por Glencore. Cuatro décadas después de la llegada de la minería, el descontento está latente. El 15 de julio pasado estalló un conflicto. Los ciudadanos, agobiados económicamente por la crisis sanitaria de la COVID-19, reclamaron con protestas y lograron la entrega de un subsidio de S/ 1000 en tarjetas de uso múltiple para cada elector con dinero del Convenio Marco, institución que maneja este fondo constituido por el aporte del 3% de utilidades de Antapaccay

Dos horas de agua al día

Son las diez de la mañana de un jueves de julio en Espinar. El ex dirigente sindical Herbert Huamán Llave abre las llaves del caño. Sale aire, no agua. En Yauri, capital de Espinar, las familias solo tienen dos o tres horas de agua potable al día. En las comunidades como Alto Huancané todavía se consume agua entubada de ríos o manantiales. “Llevamos más de 30 años esperando tener agua potable todo el día”, se queja don Herbert.

Él fue dirigente sindical en el 2012. En mayo de aquel año impulsó -junto a otros líderes- una protesta contra la minera a la que acusaban de contaminar los campos y las fuentes de agua. Aquella vez, para apaciguar la sed de la población, el Gobierno asumió el compromiso de elaborar un proyecto de inversión para llevar agua potable a todos los hogares

Recién el año pasado se aprobó el proyecto del sistema integral de agua potable y desagüe. La obra se hará en conjunto con Antapaccay con una inversión superior a S/ 170 millones. La empresa lo financiará mediante la modalidad de obras por impuestos. “Se está reformulando el proyecto y eso debe concluir en tres o cuatro meses si la pandemia no lo demora más. Luego, se hará la licitación”, asegura Werner Salcedo Álvarez, gerente municipal de Espinar.

La corrupción municipal

Los ocho distritos y la provincia de Espinar recibieron casi 1000 millones de soles por canon y regalías mineras solo entre 2005 y 2019. Parte de ese dinero, según denuncias que investiga el Ministerio Público, se perdió en obras sin importancia como un coliseo cerrado gigante en Yauri o “proyectos de desarrollo” que no impulsaron ninguna mejora o favorecieron a empresarios y funcionarios acusados ahora de corruptos.

Chumbivilcas, después de Espinar, es la segunda provincia minera del Cusco. En diciembre de 2014 empezó a operar la mina Constancia de Hudbay Perú. Según la organización Derechos Humanos Sin Fronteras, en 2015, la producción de cobre alcanzó 106 mil 063 toneladas métricas (TMF) y en el 2018 subió a 122 mil 178 TMF. Esas cantidades son superiores a las 70 mil 533 toneladas anuales previstas.

En la lista de ex alcaldes de Espinar investigados están Manuel Salinas Zapata (2015-2018) y Óscar Mollohuanca Cruz (2011-2014). De igual forma, los tres últimos alcaldes de Chumbivilcas: David Vera Castillo, Florentino Laime Mantilla y Domingo Benito Calderón.

El polvo del descontento

Cada día cuenta 370 camiones de las empresas MMG Las Bambas y Hudbay Perú. Cada camión transporta 34 toneladas de minerales. Detrás de ellos, una nube de polvo, que es la nube del descontento, enceguece al líder campesino de Chumbivilcas, por donde pasa el Corredor Minero del Sur. “Vemos cómo se llevan nuestras riquezas y aquí seguimos siendo pobres. Y nuestros campos están dejando de producir”, se queja Salcedo Quispe.

El polvo causa descontento. Un estudio del OEFA concluyó en 2019 que el paso de camiones provoca contaminación al generar polvareda y afectar el aire que respiran las personas.

Pobreza en entornos mineros

En las zonas donde operan las mineras y los municipios reciben transferencias por canon y regalías, la población sigue siendo pobre. Se considera pobre a aquella persona que no puede comprar una canasta alimentaria que supere S/ 352 al mes (S/ 11.73 diarios). Por familia (cuatro miembros) el monto es de S/ 1408 mensuales.

Según el Mapa de pobreza monetaria provincial y distrital 2018 del INEI, en la provincia de Chumbivilcas los índices de pobres oscilan entre 41.8 y 54.5% (casi el doble del promedio regional 26.5%), mientras que el 55% de niños menores de 3 años está enfermo de anemia.

Asimismo, Espinar tiene rostro de pobreza. Cinco (44.8%) de cada diez niños menores de tres años tiene anemia. Es la sexta provincia en la región con más pequeños enfermos por una mala alimentación y deficiencia de hierro. Además, el mapa de pobreza del INEI, habla de entre 23.9 y 38% de pobreza.

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